La comunidad turco-armenia: sin patriarcado ni unidad

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La Iglesia Apostólica Armenia, como sabemos, tiene 4 sedes jerárquicas, a saber;

La Santa Sede de Echmiadzin,

El Catolicosado de la Gran Casa de Cilicia (Antiliás),

El Patriarcado Armenio de Jerusalén y

El Patriarcado Armenio de Estambul.

La Sede Madre es considerada la cabeza jerárquica universal y, respecto de las otras tres, la fundacional y la más venerable. Durante mucho tiempo y hasta nuestros días, resulta muy preocupante la situación interna reinante en torno a una de las cuatro Sedes nombradas: la del Patriarcado de Estambul. El patriarca Mesrob Mutafyan hace más de 10 años sufre de una enfermedad relacionada con la memoria (mal de Alzheimer) y se encuentra en estado de inconsciencia en el hospital Surp Prkich. Según las conclusiones médicas, el Patriarca Mutafyan ya nunca podrá recuperar la conciencia. Este problema de salud no sólo ha afectado a Mutafyan sino también la vida comunitaria turco-armenia.

A lo largo de sus 557 años de existencia, el Patriarcado Armenio de Constantinopla tuvo 84 jefes religiosos. Durante todo ese período, en situaciones de ausencia del Estado, el Patriarca de Constantinopla se ha relacionado con los gobernantes otomanos, y luego también con los turcos, no sólo en calidad de jefe espiritual, sino también como líder de la comunidad armenia.

Notemos que hasta el Genocidio de Armenios, el Patriarcado Armenio de Estambul contaba con más de 1.000 iglesias y más de 100 monasterios. Mientras tanto, hoy en total no supera las 50. Los descendientes de los armenios occidentales, privados de la mayor parte del patrimonio material de su cultura espiritual, ahora también están condenados a permanecer sin un patriarca. Durante muchos años, la administración de Erdoğan ha implementado una política constante de desgaste de la voluntad comunitaria armenia. Aquí daremos dos ejemplos:

De acuerdo con las leyes vigentes en Turquía, el permiso para elegir al patriarca armenio debe ser otorgado por la Alcaldía de Estambul con la aprobación del Ministerio del Interior. Cuando en 2010 la comunidad armenia presentó apelaciones a la Alcaldía de Estambul, a los efectos de solicitar autorización para organizar la elección de un adjutor patriarcal (suplente, con derecho de sucesión, n.t), esas solicitudes fueron desatendidas durante varios meses, permaneciendo sin respuesta.

Según los cánones de la Iglesia Armenia, la ausencia de un patriarca durante 7 años permite la disolución del voto patriarcal. Por lo tanto, en octubre de 2016 se tomó la decisión de "llamar a descanso" a Mesrop Mutafyan y organizar las elecciones. Se celebró la elección de un vicario patriarcal, pero tras la publicación de los resultados, la Alcaldía de Estambul intervino y la anuló. Envió un escrito al Patriarcado y la elección del vicario fue considerada legalmente inaceptable.

Centremos nuestra atención en dos hechos previos ocurridos hasta hoy, cuando las autoridades turcas prohibieron, obstruyeron y prorrogaron las elecciones patriarcales. El primero ocurrió entre 1923 y 1927, cuando despertaba el nacionalismo kemalista en el país. El segundo, entre 1946 y 1950, en tiempos en que se encolerizó el pan-turquismo. Y ahora, el tercero está operando bajo el régimen autoritario de Erdoğan.

La interferencia de las autoridades turcas en los asuntos internos de la Iglesia y la efectiva vacancia del trono patriarcal de Estambul, no permiten restaurar la vida normal en la comunidad armenia local. Esta situación incluso ha traído desarmonía y desorganización entre los armenios de Turquía. Se han gestado nuevos casos de discordia intracomunitaria. Las autoridades turcas, al obstruir y al anticiparse a la elección del patriarca, naturalmente entienden muy bien que ello también es una carta fuerte en las relaciones armenio-turcas, reservada para su uso oportuno.

En la actualidad, se han creado tantos problemas burocráticos insoportables, que hace largo tiempo que los armenios de Turquía no pueden elegir ni un patriarca, ni un cuerpo directivo que administre las fundaciones. A juzgar por el estado actual de las cosas, es obvio que los líderes turcos siguen siendo leales a su modus operandi represivo. A pesar de que los derechos de las minorías no musulmanas (armenios, griegos y judíos) están reconocidos y aceptados por el Tratado de Lausana -refrendado también por Turquía-, los armenios de Estambul se encuentran privados de sus derechos legales, y no son capaces de ejercer efectivamente su derecho a la libre expresión.

En Turquía existen cientos de instituciones educativas y decenas de facultades para formar religiosos musulmanes (imanes), mientras que no hay una sola escuela para educar a los clérigos no musulmanes. Las que había, fueron clausuradas en la década de 1970 y aún no se les ha otorgado el derecho de reabrir.

"Nuestros impuestos, en realidad, son utilizados en realidad para satisfacer las demandas, no de nuestra, sino de cualquier otra religión o creencia", advierte dolorosamente el obispo Sahak Mashalyan en su carta enviada al presidente turco.

Mashalyan es el presidente del Consejo espiritual del patriarcado armenio de Estambul. Felicitando la reelección del presidente Recep Tayyip Erdoğan, el obispo exhortó al gobierno turco, en estas nuevas instancias, a que demuestre voluntad política y una actitud benévola respecto de los derechos de las minorías. Por supuesto, no debemos esperar que un presidente antiarmenio como Erdoğan se vea influenciado por el requerimiento del obispo y cambie sus políticas. Creemos que sólo debemos esperar resultados a partir de la unidad de la iglesia, la que no se observa, y de la unidad comunitaria armenia de Estambul, la que tampoco se verifica. Tengamos esperanzas, al menos por ahora.

Mkhitar Nazaryan

(trad. Daniel Dorumian)

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