Amulsar: ¿Bendición o encrucijada final?

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“Nosotros, siempre en la frontera entre la vida y la muerte…” Silva Gabudikian

 

Durante su historia, el pueblo armenio siempre debió enfrentar encrucijadas; aunque transitando esos caminos de la vida, con frecuencia hemos elegido los rumbos equivocados. Luego de milenios de sufrimientos, de destrucciones, de terribles pérdidas en nuestras tierras ancestrales, nos hemos reunido y cobijado en un rincón de nuestra patria histórica.

 

El historiador Simón Simonian consideraba que el primero de nuestros errores fue el cometido por el patriarca Haik, quien prefirió establecerse en las tierras montañosas del norte, en lugar de asentarse en las arenas empetroladas de los desiertos árabes.

 

En efecto, muchos pueblos, que desde los inicios de su civilización han tenido la buena fortuna de vivir en territorios con abundantes riquezas naturales, y sin grandes logros intelectuales, han alcanzado niveles de vida envidiables. Entre estos, por ejemplo, se encuentran los azeríes, quienes hace sólo un siglo atrás no tenían siquiera conformado un perfil nacional, ni tampoco un gobierno dotado de autoridad soberana.

 

La tierra rocosa de Armenia –especialmente dentro de las actuales fronteras- ha sido muy poco generosa. En conjunto, las reservas de molibdeno, cobre, uranio y oro acumuladas en nuestro subsuelo, no han sido valuadas a la par de las reservas petrolíferas de otros países. Y he aquí, que un puñado de oro suspendido sobre nuestra patria, ha planteado una cuestión ante todo nuestro pueblo acerca de qué es lo que nos promete: ¿una bendición, o una encrucijada final...?

Por supuesto, lo dicho se refiere a las reservas de oro del monte Amulsar, que dieron lugar a cuestionamientos existenciales, análisis científicos, disputas políticas y prorrupciones patrióticas.

 

La cuestión puede definirse de la siguiente manera: las minas auríferas del monte Amulsar fueron cedidas contractualmente a la empresa canadiense Lydian Armenia para su usufructo. El suscriptor del contrato de licitación es el anterior gobierno de Armenia, el que, basado en los resultados de los estudios geológicos de 2005, refrendó dicho contrato en 2014.

Apenas comenzado el socavado del terreno, los especialistas en conservación ambiental y los políticos pusieron manos a la obra, a fin de obstruir las excavaciones.

Todos aquellos quienes habían politizado esta lucha por la biosfera, habían depositado su confianza en la revolución de Nikol Pashinyan, quien vendría a impedir esta funesta operación. Sin embargo, está claro que Pashinyan y su gobierno, se sienten coaccionados a continuar obligatoriamente el proceso de explotación minera; por un lado, para no privar a la economía del país de este ingreso de vital necesidad, y por el otro, en caso de rescindir el contrato, de evitar una multa de USD 700 millones. De igual manera, el gobierno da garantías de que efectuará un meticuloso monitoreo de las operaciones de Lydian, a fin de limitar o mantener los daños ambientales en un nivel no perjudicial.

 

Para probar las acusaciones de transacciones fraudulentas y criminales, ELARD recibió un plan para detectar violaciones legales y el resultado ha sido beneficioso.

Sin embargo, todo el país está en peligro, y hasta cierto punto la Diáspora.

El tema tiene una plataforma puramente científica, una plataforma política y una plataforma psico-nacionalista.

 

Los defensores de la biosfera insisten en que, en caso de explotarse la mina de Amulsar, se envenenarán las aguas de Jermuk y el Seván, y que el pueblo armenio sufrirá las trágicas consecuencias de enfermedades, esterilidad y nacimientos con malformaciones durante siglos. Amulsar se encuentra en la región Vayk de Syunik, a 30 km de Jermuk.

 

Por otro lado, el tema se ha convertido en un partido de fútbol político, con puntos de vista no siempre honestos.

Por lo tanto, la cuestión se autoformula mediante los siguientes términos: el oro brillará sobre nuestro país durante diez años o más, mejorando la economía de Armenia; sin embargo, durante los próximos cientos de años, el pueblo armenio padecerá enfermedades y el país verá mermada su fertilidad a causa de la contaminación de las aguas del Seván, de Jermuk, de los ríos y de las reservas subterráneas.

Por lo tanto, un beneficio a corto plazo y una catástrofe a largo plazo.

 

Hasta el discurso del primer ministro Pashinyan, mediante el cual iba a permitir la explotación de Amulsar, este problema era un maravilloso tema para la prensa posrevolucionaria, ya que sumaba uno más a los pecados cometidos o no por las autoridades anteriores. Luego de Pashinyan, también hizo su alocución el presidente Sarkissian defendiendo la posición del primer ministro, diciendo que: "El manifestó que las minas de oro de Amulsar se aprovecharán con los más altos estándares de conservación de la biosfera, los cuales no tienen precedentes en Armenia. Del mismo modo, otras compañías mineras, a su vez, adoptarán gradualmente los mismos estándares".

 

Armenia es un país pequeño. Cualquier calamidad sobre su tierra afectará a toda su población, en cualquier región del país en que viva.

Recientemente, en Rusia se produjo la explosión de un arma nuclear, con emisión de ondas radiactivas. Sin embargo, el país es tan vasto que este tipo de accidentes o desastres no pueden tener las consecuencias existenciales que tendrían en Armenia.

 

Hoy el problema ha ganado dimensión política. Hasta incluso miembros del partido Mi Paso de Pashinyan, que forman parte de la Asamblea Nacional, han comenzado a oponerse a la decisión del primer ministro, como Sofía Hovsepyan.

Este fenómeno, a su vez, ha llevado a los medios y las redes sociales a realizar diversas interpretaciones. Algunos analistas piensan que Pashinyan siente con tanta fuerza su popularidad, que se atreve a dar semejante paso en contra de la opinión pública. Mientras otros ven el desacuerdo entre los correligionarios como la manifestación de una democracia real, y otros además, señalan la posibilidad de formar un partido verde, siguiendo el modelo europeo.

 

Por supuesto, cada partido desea participar en el debate, para hacer valer su voz y opinión. La Federación Revolucionaria Armenia (FRA, o partido Tashnagtsagán), por ejemplo, sugiere organizar un referéndum con la intención de hacer oír la voz del pueblo. Sin embargo, un analista político también recordó que la FRA era parte del gobierno cuando se firmó el acuerdo de Amulsar.

 

Se dice que el partido Armenia Próspera también se está preparando para exigir un referéndum, publicando un comunicado al respecto. Tales propuestas, desafortunadamente, no van más allá de los límites de la demagogia barata, siendo el plan más peligroso que puede conducir el problema a un punto sin salidas. Recordemos bajo qué irresponsables condiciones transcurrió el último referéndum sobre la Constitución de Armenia. No era la primera vez que el pueblo de Armenia votó en contra de sus propios intereses. Desde los días del dramaturgo Henrik Ibsen (1828-1906, "Un enemigo del pueblo") ha sido posible engañar a la opinión pública y conducir a la gente en un sentido opuesto a sus intereses. Especialmente en estos días, cuando los medios de comunicación son el factor más poderoso para dar forma a la opinión pública.

 

La cuestión es puramente científica, y las masas populares no están necesariamente provistas con datos científicos para poder concentrar su voto a favor de una política basada en pruebas.

La situación de hoy nos lleva de vuelta a las condiciones en la víspera de la independencia, cuando se politizó el tema de la central nuclear de Metsamor y sus operaciones de hecho fueron detenidas. Como resultado, el pueblo de Armenia también vivió días oscuros y fríos; sin embargo, cuando se pudo constatar la operación segura de la usina nuclear a través de datos científicos, esta reanudó su operación y comenzó a suministrar luz y energía a la población de Armenia. A pesar de que es una de las centrales nucleares más antiguas del mundo, Metsamor continúa operando e iluminando a Armenia. Sigue funcionando porque su funcionamiento está garantizado por datos científicos.

 

En el caso de Amulsar, Armenia no tiene más remedio que ampararse en los datos científicos. Es cierto que en este caso las comprobaciones científicas son diferentes del problema de la central nuclear, sin embargo, debe prevalecer la palabra de la ciencia.

Ni los llamamientos patrióticos, ni los entrenamientos políticos, ni tampoco los diversos debates pueden jugar un papel positivo en esta cuestión.

 

La madre naturaleza sólo obedece a la voz de la ciencia.

 

Editorial del periódico BAIKAR

del partido Ramgavar Azadagan

25 de agosto de 2019

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