Los nombres propios armenios, pronunciados por los extranjeros

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El New York Times publicó un artículo del escritor y músico armenio Raffi Joe Wartanian (Claiming the History in Family Names), que habla sobre la dificultad que tienen los extranjeros para pronunciar los nombres armenios. En el artículo, el autor cuenta la historia de su padre, Ghevond Vartanian, quien en 1974 se mudó de Beirut, su ciudad natal, a la estadounidense de Baltimore, donde trabajó en uno de los hospitales locales. Residiendo en los Estados Unidos, Ghevond Vartanian se encontró con que los locales no podían pronunciar su nombre armenio, y muy a menudo, lo distorsionaban.

El autor señala: "Mi padre podría haberle dicho a la gente: Vardanyan, como suena el nombre D'Artagnan de ‘Los tres Mosqueteros’. Pero se dio por vencido, y les decía simplemente: ‘Llámeme George’.

Yo me empequeñecía cuando mi padre se hacía llamar a sí mismo George. Yo quería que él declarase su nombre, antes que postergar su otredad. Yo quería que él enseñara a la gente cómo debían pronunciar su nombre, y que apreciaran su origen armenio.

Ghevond y Vartan provienen de las profundidades de la historia. Ambos han sido líderes en la batalla de Avarayr en el siglo V. Ghevont fue un orador canonizado, y Vartán, un honorable guerrero. Pero el manto de ‘George’ cubrió esa historia. George era como una máscara que sugería vínculos inciertos con Europa Occidental, -una historia más digerible sobre el origen de estos nuevos americanos de complexión oscura-".

Raffi Wartanian escribe que rechazar los nombres armenios con el pretexto de evitar las dificultades o inconvenientes de la pronunciación, es como una derrota. “Fue la derrota al no defender algo: un nombre; como San Ghevont y los Varatanian habían defendido su forma de vida. Fue la derrota de aceptar que él nunca pertenecería por completo. Y si él no podía pertenecer, entonces ¿cómo podría hacerlo yo?”

El escritor presenta una historia que le ocurrió, relacionada con el nombre de su padre:

"Cuando tenía 10 años, sentados en el porch con mi amigo, Zak, él me preguntó el nombre de mi padre. Le respondí, Ghevond. Zak me miró sorprendido.

-¿Ravón?

-No, Gh, Ghe-vond ", le dije, levantando la voz.

- ¿Shevón?

-No, Gh. Como suena la R en francés.

- Discúlpame, dijo Zak, encogiéndose de hombros, esto es Norteamérica.

Ambos nos reímos, sin saber qué hacer. Una parte de mí pensaba que él simplemente no se preocupaba por hacerlo, como si quisiera que el nombre de mi padre sonara mal, como no perteneciendo a su lengua. O tal vez, yo debiera haber dicho George... No quería admitirlo, pero tenía un cierto atractivo aceptar el nombre estadounidense".

Más detalles en el sitio de origen.

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