La declaración de los obispos y primados diocesanos de Armenia sobre la Convención de Estambul

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Los obispos y los primados de las Diócesis de Armenia emitieron una declaración sobre el Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica (Convenio de Estambul). En la declaración se señala que:

 

"Durante las últimas semanas han sido amplia y públicamente discutidos los objetivos, fundamentos y resoluciones del Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia en contra de las mujeres y la violencia doméstica, suscritos por el Gobierno armenio en 2018, así como la conveniencia de su posterior ratificación.

 

La Iglesia saluda con satisfacción cada iniciativa, incluyendo un documento legal que apunta a excluir la violencia familiar y en cualquier otro entorno social. Cualquier manifestación de violencia es condenable. Independientemente de las diferencias biológicas existentes en la creaturas, todas las personas están invariablemente bajo el cuidado de Dios, como se evidencia en la 1ª Carta del apóstol Juan: "¡Vean qué clase de amor nos ha dado el Padre, para que podamos ser llamados hijos de Dios!" (1Juan 3.1).

 

La prevención de la violencia, así como de cualquier mal, y la lucha contra esta, debe lograrse a través de medidas que no provoquen nuevos pecados y nuevos males. En este sentido, algunas de las ideas y conceptos en la Convención son extremadamente preocupantes e inaceptables.       

                                                            

Son incompatibles con las enseñanzas morales de la Iglesia las formulaciones y sus interpretaciones que definen, además de los dos sexos biológicos, otras variantes sexuales (Convención, Artículo 4, párrafo 3; e Informe explicativo de la Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia en contra de las mujeres y la violencia doméstica, Estambul, 11.05.2011, artículo 4, párrafo 53; artículo 60, párrafo 313). Estas definiciones, de hecho, reconocen el derecho de una persona, incluso su propia "libertad para elegir su sexo". El enfoque cristiano ortodoxo de los derechos humanos y las libertades excluye la desnaturalización o el cambio de la identidad divina del hombre.

 

Teniendo en cuenta el contexto de “libertad de elección” de la Convención, también da lugar a serias dudas e interpretaciones el requisito de la Convención de los Estados participantes de erradicar las tradiciones basadas en "la idea de la división de roles estereotipados de mujeres y hombres" con el fin de introducir modificaciones en el modo de comportamiento social y cultural de mujeres y hombres. (Convenio, Artículo 12, párrafo 1).

 

La Convención también contiene una instrucción especial para introducir material educativo en los "planes de estudio oficiales y en todos los niveles de educación", así como la noción de "papeles no estereotipados de los géneros" (Artículo 14) sin aclarar los contenidos del contexto dado.

 

Los enfoques de la Convención en relación al sexo también están en contradicción con la doctrina inmutable de la Iglesia en la que se basa nuestra percepción nacional de la familia. De acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia, pueden formar una familia un hombre y una mujer, quienes, consagrados mediante la sagrada coronación matrimonial, se convierten en un cuerpo y en un todo, como enseñan las Sagradas Escrituras (Génesis 2:24, Marcos 10: 7-8, Efesios 5:31).

 

Nuestro pueblo siempre ha exaltado a la mujer con el modelo de la Santísima Virgen, ha apreciado su rol y su misión en la vida familiar, pública y nacional. La familia conformada por la unidad del hombre y la mujer, basada en el amor, el respeto y la comprensión recíproca es una de las principales garantías de la longevidad de la nación, la educación individual y el crecimiento espiritual, como así también de la formación de un ciudadano responsable del Estado. En consecuencia, las medidas para prevenir y combatir la violencia doméstica deben tener como punto de partida la naturaleza y el valor de la santidad y la consagración de la familia.

 

Por lo tanto, dado que desde el punto de vista de los intereses de nuestra seguridad e identidad nacional-espiritual, existen tesis y nociones muy preocupantes en la Convención, instamos a las estructuras responsables del gobierno nacional a abstenerse de ratificar el documento.

Con el fin de fortalecer el Estado patrio y construir un futuro brillante para nuestro pueblo mundialmente disperso, destacamos la importancia de la enseñanza y la educación de la nueva generación en valores espirituales, morales y nacionales, tanto en la familia como en el sistema educativo, así como la efectividad de la actividad responsable de los medios de prensa para este propósito.

 

La Iglesia continuará brindando cuidado espiritual y asistencia a las familias armenias mediante su misión pastoral, a fin de superar los obstáculos de la vida intrafamiliar y fortalecerla con los favores concedidos por Dios a la santidad de la familia.

 

Oramos para que el Señor y Salvador Jesucristo mantenga bajo Su cuidado cotidiano a nuestro pueblo, temple las familias con un amor fuerte y duradero y brinde prosperidad a nuestro Estado patrio, como frutos a todos los esfuerzos realizados para la vida progresiva de nuestra patria y pueblo".

 

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