Historia del partido Demócrata Liberal Armenio (Ramgavar Azadagán Gusagtsutiún - RAG) 3ª PARTE- Los artífices Armenagán: MGRDICH JRIMIAN* (continuación)

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“Revolución. Si no el único, este es el más importante y esencial medio para lograr la salvación de la nación” – Jrimian Hairig

 

Jrimian se convierte en el Patriarca de Constantinopla

Una de las consecuencias más llamativas de la administración constitucional fue el sometimiento de la autoridad patriarcal a la jurisdicción del sínodo. Esto, al menos en las formas, significaba la restricción de la autoridad del patriarca. Esta decisión imponía limitaciones a aquellos líderes religiosos que quisieran trabajar desenfrenada o monopólicamente.

 

En el transcurso del decenio 1860-69, las disposiciones constitucionales se pusieron totalmente en práctica sólo durante 3 años (1863-66). El pueblo armenio de la capital, que tenía aspiraciones de libertad, eligió un conductor al margen de las tramas políticas de las distintas agrupaciones: Ignatios Kakmadjian, quien por los caprichos del destino falleció días después de su elección.

 

Es entonces que la atención de todos se fijó en Jrimian Hairig, aquél quien sería capaz de concretar los anhelos y esperanzas del pueblo armenio. Él era aquel gran patriota quien a través de su pluma y su palabra, de su vida y obra, había conquistado el amor de toda la nación.

Jrimian fue elegido patriarca el 4 de septiembre de 1869 tras el magnífico discurso de Odian, el cual simultáneamente ofició de oración fúnebre dedicada al difunto religioso y a su alma retrógrada.

 

 

Tres meses después de su ordenación, Jrimian arribó a Constantinopla, donde todo estaba en regla, así como la Constitución a salvo de sus enemigos internos y de las ataduras restrictivas del Estado.

En su primer sermón como promesante anuncia su mensaje: “No me miren como al Patriarca de Constantinopla. Soy la imagen del dolor de Armenia. No sé cómo han intercedido mis antecesores ante el dominio del Señor para rogar por el remedio de estos dolores. Sin embargo, yo voy a aplicar una influyente mediación…”

 

De esta forma se abría una nueva perspectiva en la vida nacional; un nuevo poder llenaba el ambiente armenio, la región, Constantinopla. Allí se escuchaba con frecuencia: “Hairig, no nos olvides”. Con estas palabras habían despedido los armenios de Mush a su querido pastor.

Esta vez no era el maestro Jrimian quien llegaba con “el dolor de Armenia” a cuestas, sino que lo hacía como Patriarca y el Hairig de los Armenios, trayendo consigo la “Cuestión Armenia”, la que en la reunión de la cámara de representantes sería el “Problema Armenio” en la mesa constitucional.

 

Él era el verdadero artífice, en la mejor acepción del término. Su legado recibido no era ser patriarca, sino que como patriarca, como la máxima autoridad de la Nación armenia, conseguir los medios para realizar su antiguo sueño de mejorar la situación de los habitantes de Armenia.

Por supuesto, no es fácil la tarea de derrumbar los pensamientos rígidos. Tras la publicación de una serie de documentos, Rusinian, Servitchen (Serovpé Vitchenian) y sus compañeros guardaban un prudencial silencio, o bien se ausentaban de las reuniones, poniendo al borde de la esterilidad la totalidad de las sesiones, por lo cual Jrimian se veía obligado a prorrumpir enojado: “A mí me ordenaron capitán del barco zozobrante de la Nación. ¿Pero dónde están mis marineros? ¿Acaso el capitán, en soledad, puede llevar adelante un gran barco?”.

 

Los nuevos compromisos patriarcales

En 1872, una comisión armenio-islamita viajó a Armenia para analizar las causas de las quejas de sus habitantes. El Gobierno prometió castigos, pero todo quedó en palabras. Además del flagelo de los enriquecimientos, Jrimian se vio absorbido por otros dos problemas: el de la revisión de la Constitución Armenia y la cuestión de su aplicación en las regiones habitadas por armenios. Una tras otra, se llevaban a cabo sesiones para someter a revisión la Constitución y poner en práctica los cambios. Habiendo transcurrido hasta entonces 10 años de la publicación de la Carta Magna, recién hacia 1870, apenas se habían elegido 2 representantes regionales.

 

Jrimian logra una solucion conciliada a la crisis interna de la Iglesia, surgida de la Santa Sede de Cilicia

Durante su patriarcado, apenas concluida la cuestión del catolicosado de Akhtamar, nacida en circunstancias aberrantes en tiempos del patriarca Taktakian, en Cilicia surge otro asunto con el fallecimiento de Guiragós II en 1866.

Resulta que el obispo Nigoghós Achabahian lo había sucedido de acuerdo a la antigua tradición, sin requerir de la aprobación del Patriarcado, con el nombre de Giragós III. Según las disposiciones constitucionales, la cede de Cilicia estaba regida por la autoridad de la Sede Patriarcal. Tras la última rebelión de Zeitún (1862), la sede de Cilicia había cobrado cierta relevancia gracias al Patriarcado.

Tras anularse la elección del obispo Nigoghós, el Patriarcado lo aleja de Sis, y la Asamblea Nacional legitima la elección de Mgrdich Kefsizian, llevada a cabo por los delegados de Cilicia.

 

El Catolicós de Todos los Armenios Kevork IV (1866-1882)

 

A todo esto, el Catolicós de Todos los Armenios Kevork IV sigue afirmando como principio inalienable que las ilegalidades cometidas durante las elecciones en las Sedes de Aghtamar y Sis fueron la causa del cierre de ambas.

Sin embargo, el Sínodo General de Bolís se opuso: “Hay que conservar Sis, incluso por el bien del futuro de Echmiadzín”. Odian, quien era ducho en “poner el dedo en la llaga” en el momento más álgido de los debates, en esta ocasión alertaba al pueblo por un inminente golpe zarista que podría amenazar a Echmiadzín, y señalaba las crisis ligadas con el futuro de Cilicia, exhortando a todos a echar una mirada circundante.

El singular espíritu liberal y la amplia visión perspectiva de Jrimian jugaron un rol en extremo beneficioso y eficaz en la solución de estos intrincados problemas, que mantuvieron a salvo tanto a Echmiadzín como a Sís. Fue él quien en virtud de su hábil comprensión de la situación, logró prevenir el riesgo de un cisma interior, oficiando de influyente mediador durante este período harto delicado entre los grupos liberales y conservadores.

 

Sin embargo, ese rol pacificador que jugó Jrimian tuvo un costo muy alto para el. El silencio imperturbable de Echmiadzín ante su posición permitió a sus opositores alzarse con voces aún más resueltas. No era nada fácil sostener y cumplir las responsabilidades patriarcales fluida y armónicamente. Jrimian, incluso llegó a ser tildado de anticonstitucionalista. Su pensamiento tenía una natural tendencia al socialismo, por lo que no guardaba sintonía con uno de los artículos de la Constitución. Era una persona conceptualista, que debió conciliar la letra escrita con el espíritu emanado de esta. Sin embargo, se mantuvo fiel al principio bíblico: “la letra mata, pero el espíritu da vida”. El Patriarca, como “conductor” de la “ley” debía ser competente a la hora de discernir y seguir los mandatos de su conciencia; era suficiente con que no se alejara del espíritu de la Constitución. Era un hombre de la libertad que en general, no podía tolerar este tipo de restricciones por las cuales consideraba que “la letra de la ley” lo hacía sentir de manos atadas, incluso en detrimento del espíritu de la ley. De todas formas, “la Constitución era la Carta Magna de la Nación, y no del armenio de Bolís”.

 

Mientras, la grieta se ensanchaba. En agosto de 1873, tanto el Patriarca como los diputados presentaban sus argumentadas renuncias.

Jrimian se alejó definitivamente de su cargo patriarcal el 9 de octubre de 1873. Son célebres sus palabras de renuncia, leídas por él mismo.

 

Jrimian Hairig - Óleo de Hovhannés Aivazovsky

 

El Padrecito de los armenios

Si bien ya no era patriarca, seguía siendo el “Haióts Hairig” (el Padrecito de los armenios) que siempre veló por su protección.

En 1874 fue elegido patriarca Nercés Varjabedian, quien admitió la grandeza del espíritu de Jrimian. Él siguió viviendo en una casa de oración cercana a la magnífica iglesia de Surp Jach, situada en el barrio costero de Guzgundjuk, en la parte asiática de Constantinopla, aunque soñaba con retornar a Varak. A pesar de haber transcurrido 2 años de su renuncia, los enemigos de Jrimian continuaban enfrentándolo. La antigua calumnia de sus derroches en el equipamiento del edificio del patriarcado, era el más aprovechado para injuriarlo. Sus opositores más osados, incluso organizaban actos de protesta frente a su casa en Guzgunjuk.

 

Las rebeliones en los países balcánicos

Durante la primavera de 1875 estalla el levantamiento de Bosnia-Hertzegovina, lo cual atrae la atención de las diplomacias europeas hacia Turquía, la “gran enferma”. Le siguen los sangrientos sucesos en Bulgaria. La conducción nacional comienza a plantearse hacia dónde inclinar su confianza: ¿creer en las reformas de los progresistas turcos, o cobijarse en las políticas europeas? Es aquí donde se evidenció lo importante que era la presencia de Jrimian.

 

En 1876, Serbia y Montenegro no soslayó el poderoso apoyo de sus hermanos eslávicos y también hizo sonar sus clarines, declarándole la guerra a Turquía. De esta forma se iniciaba la Guerra de los Balcanes.

Por su parte, el Patriarca Nercés exhortaba a la población armenia a ser pacíficos súbditos y difundir un llamado al sincero apoyo a los soldados otomanos en aras de su éxito, en forma de una bula que terminó consternando y abochornando a la mayoría de los armenios occidentales como también a los del Cáucaso.  

 

Precisamente entonces es que Jrimian publica sus dos nuevas obras: La Homilía de la Cruz y Su Tiempo y Mensaje. La primera religiosa; la segunda, textos de inspiración filosófica. Anticipando amargas tragedias inminentes, también hace un exhorto religioso a sus “colegas hermanos”.

 

Tabaquera de plata confeccionada por orfebres armenios de Van.

A la izquierda, la Madre Patria sufriente sobre las ruinas de Armenia Occidental.

A la derecha, escena del complejo monástico de Varak (fuente: Hushamadyan)

 

 

La proclamación de la Constitución Otomana

En la víspera de matanzas y nuevas rebeliones, asomando entre escombros aún humeantes, a fines de 1876 hace su aparición la Constitución Otomana. ¿Era un enigma o un juego? ¿O ambos simultáneamente? Los otros países cristianos de Turquía encontraban sus lejanos sueños impregnados en el olor a pólvora, mientras la diplomacia europea prefería esperar, atada por los pies en su apuro por inmiscuirse como mediadora.

 

Jrimian contemplaba con estoica sonrisa y mente sabia el devenir de los sucesos políticos desde su solitario domicilio en el barrio de Skiudar. Su escepticismo encontró un serio justificativo: “La Constitución Otomana no es una fuerza extraída de la vida de los pueblos del país; no es un traje a la medida de su instinto, ni modelada sobre su cuerpo. Es un extraño llegado desde un mundo extraño”. Anidaba muchas dudas acerca de nuestros asuntos nacionales. Esta plántula nacida en climas extraños y tierras mullidas no podría crecer en este país pedregoso y yermo… Triste ironía la de la prometida hermandad de la Constitución. Casi simultáneamente a su publicación, un infernal incendio a principios de diciembre de 1876 reduce unos 500 comercios del mercado de Van a un puñado de cenizas, dejando a los armenios de la zona sin su capital y sin manera de recuperar lo perdido. Durante 6 meses una ola de confiscación de bienes, capitales y dinero condena a la inactividad y la consecuente crisis económica a los armenios del interior, en especial durante las movilizaciones militares.

 

Para el Patriarca Nercés y sus acólitos, esta salida política “meditada” fue un trago amargo. Para esconder el criminal accionar, se empezó a hablar del nacimiento de la “Cuestión armenia”. Algunos veían la mano rusa tras todo esto.

Mithat pashá anhela enterrar el asunto desde un principio. En enero de 1877, Van deja de pertenecer a la gobernación de Erzrum, siendo provincializada e incluyendo a Mush y Baghesh. Junto al nuevo valí es nombrado como su ayudante un armenio patriota y valiente, Margós Aghabekian. Inmediatamente comienza a crecer el número de empleados armenios. La comisión investigadora del incendio en el mercado de Van llega a la conclusión –junto a cónsules extranjeros testigos- que lo ocurrido fue una forma de saqueo. A través del informe, la Sublime Puerta creyó haber logrado cerrar el caso.

 

Tapa de su obra Vankuzh, edición de 1877

 

En enero de 1877, Jrimian publica en Constantinopla su libro Vankuzh** (malas nuevas de Van), cuya venta es inmediatemente prohibida por el gobierno turco. A causa de ello, Jrimian se ve obligado a renunciar a su cargo en el Senado Otomano. Sin embargo, Vankuzh también es publicado en Tbilisi en abril de ese año, lo que genera un movimiento de ayuda de los armenios del Cáucaso a sus hermanos necesitados de Van.

 

Finalmente, Jrimian -sobre quien Krikor Ardzruní meses antes escribiera con ironía: “Jrimian, durante estos días en que la nación corre peligro, se dedica a escribir poesías como pasatiempo”-, es restituido a su pedestal de “Mártir viviente de Armenia”, tal como era definido por las personalidades e intelectuales más destacados entre los armenios orientales.

 

Las consecuencias de la Guerra Ruso-turca sobre Armenia

La Guerra Ruso-turca, declarada en el contexto del conflicto de los Balcanes a fines de abril de 1877, comenzó a generar pánico en las comunidades armenias del interior del Imperio Otomano. Los cambios administrativos en Vasburagán y las angustiosas noticias llegadas del frente sesgaron la atención pública del pavoroso incendio acaecido en Van, sin embargo, el hecho de que los perpetradores quedaran impunes fue un gran estímulo para los kurdos de Baghesh, Mush y Modgan, que por entonces solían realizar incursiones vandálicas en muchos poblados con mayoría armenia.

 

 La Guerra Ruso-turca evocada frente al monte Aladjá, cercano a Kars.

Óleo de Alexei Kyschenko

 

Durante una importante retirada en la Guerra, los generales armenios Mikael Loris-Melikof y Arshak Terghukasof pudieron hacer atravesar el frente caucásico sólo una parte de los campesinos armenios de Bayazid y Alashgerd. Las restantes 24 aldeas armenias, a pesar de su tenaz resistencia, fueron arrasadas por las hordas del sheik kurdo Djelaleddin, compuestas por unos 15.000 bárbaros.

 

Los generales Mikael Loris-Melikof (izq.) y Arshak Terghukasov (der.)

 

Ante esta situación, el Patriarca Nercés se ve obligado a comparecer ante Abdul Hamid para reclamarle explicaciones, por lo que viaja a Yildiz Kiosk el 10 de agosto de ese año. Como era de esperarse, el jerarca turco niega toda participación y conocimiento de los hechos, intentando probar su inocencia en el caso. Al retirarse, cuelga del cuello del Patriarca el máximo galardón otomano: la orden Osmanie en 1º Grado “dedicado a su querido pueblo armenio, al cual estaba muy agradecido”. Un claro desprecio hacia las víctimas en manos de Djelaleddín, cuyas tumbas cerró y su monumento erigió de esta forma.

 

El Patriarca Nercés Varyabedian

 

La conciencia de Jrimian Hairig no podía tolerar semejante situación ante ese imperdonable asesinato en masa, y publica su contundente sentencia: “fabricaron un collar con los huesos del rebaño, y se lo colgaron del cuello al pastor”.

A continuación escribe su Haikuzh***, donde expresa la irrefrenable rebelión que subyace en su conciencia. Desde las primeras palabras, Jrimian cala hondo en el espíritu de sus seguidores. Su Haikuzh, más que un libro de consternación y lamentos, es un llamado a la autorrealización nacional de puño y letra del “primer revolucionario”. “Revolución”: palabra que solía brotar de sus labios. Si no el único, este es el más importante y esencial medio para lograr la salvación de la nación. Llantos y lamentos, solicitudes y ruegos de nada sirven en la vida; en ella sólo vence el poderoso. A través de cada renglón, la lectura del Haikuzh permite formarse una cabal idea de la vida de nuestro pueblo en esa aciaga etapa histórica nacional. Nada de los otros; todo desde nosotros. Todas las fuerzas que necesitamos ya se encuentran en nosotros. Pero para extraerlas y revelarlas, el armenio debe generar una revolución en su mente, en su corazón y en su vida íntegra.

 

(Fin de la 3ª parte)

 

Acceso a la 2ª parte:  https://haydzayn.com/es/page/historia-del-partido-democrata-liberal-armenio-ramgavar-azadagan-gusagtsutiun---rag-2-parte--los-artifices-armenagan--mgrdich-jrimian1

 

Extracto del libro "Los viajeros del camino al gran sueño y la Historia integral del partido Ramgavar Azadagán" del historiador Hagop Vartivarian - New Jersey - EEUU – 2015

(*) Considerando que los años en que viviera y actuara Jrimian, los cuales coinciden con el mismo período, conforman el sustrato de la labor en defensa de los derechos de los armenios y la prosecución de la Causa Armenia, manteniendo sus fuertes lazos primero con el partido Armenagán, y luego, los demás movimientos revolucionarios y partidarios, también le concedemos un amplio espacio a ese período a través de la biografía de Jrimian. Finalmente, es con él que comienza a afirmarse ese pensamiento de que “la revolución se mantiene como el principal y esencial medio de salvación de la nación”.

 

(**)Versión PDF del Vankuzh original http://greenstone.flib.sci.am/gsdl/collect/haygirq/book/vangoyj_1877_index.html

(***)Versión PDF del Haykuzh original https://ia600300.us.archive.org/6/items/haygoyzhashkhar01hayrgoog/haygoyzhashkhar01hayrgoog.pdf

 

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