Hovhannés Tumanyan y Avedik Isahakyan en las ruinas de Aní

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De las memorias de Avetik Isahakyan

 

En septiembre de 1901, Ohannes llegó a Alexandrapol desde Abastumani, donde se encontraba en tratamiento médico.

(…) Inmediatamente, tras abrazarse mutuamente en Alexandrapol, Ohannes dijo:

- Aún no estuve en Aní, tengo muchas ganas de verla; ponete eso en la cabeza, te lo ruego.

Dos días después, nos fuimos a Aní.

Ohannes observaba extasiado y atentamente cada trozo que portara algún vestigio de arte. Vagaba callado, introspectivo, llevado por su conversación interior con el pasado. Se detenía ante las edificaciones de magnífica construcción; con mirada intensa observaba las columnas, los arcos, las esculturas; luego, cerraba los ojos y afinaba sus oídos, como si escuchara alguna música, no habitual, ni de este mundo.

Cuando nos íbamos de Aní y nos encontrábamos fuera de sus muros, Ohannes echó una última mirada a Ani y dijo:

_ ¡Cuán bestia e ignorante tiene que ser una persona para levantarle la mano a estas maravillas!

_ ¿Acaso esta belleza morirá sin dejar rastros en el arte de los armenios y de otros pueblos?..

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