La tierra es un ente vivo, tiene su alma, y sin patria, sin un fuerte lazo con la propia tierra, el hombre no puede encontrarse a sí mismo, a su alma.
Martirós Sarian

Las puertas de Dios

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En Armenia occidental (actual Turquía), en el acantilado de Acravakar, cerca de la ciudad de Van, se ha conservado un muro único tallado en la roca, que popularmente se llama “Puertas de Mher” o Mihr. Se sabe que fue tallada para venerar y adorar a los dioses urartianos durante el reinado del rey Ishpuini (828-810 a.C.)


 

No muy lejos de la ciudad de Van se encuentran los restos de la antigua capital del reino de Urartú,  llamada Rusakhinili. La ciudad fue fundada a finales del siglo VIII a.C. por el rey Rusa I. Donde se encuentra  este monumento hay un acantilado, en cuya pared están talladas las puertas. Los  armenios  la llaman "Puertas de Mher" o "Puerta de Dios". Desde la época pre cristiana, en Armenia, que era parte del imperio aqueménida en ese momento, adoraban al dios del Sol y al de la justicia, Mihr (Mher).

Se menciona la puerta de Mher en los cantos espirituales armenios, en el antiguo calendario armenio -los meses 7 y 8 se llaman "Megeks" y "Migra"-, así como en la epopeya "Sasna Tsrer" (David de Sasún). En ella hay un personaje llamado Mher (Mihr, Միհր), hijo de David de Sasún y de Jandut Jatún. De acuerdo con las tradiciones mitológicas armenias, Mher estaba en constantes andanzas, y luchando contra las fuerzas del mal, fue protagonista de hazañas para salvar al mundo del mal y de la injusticia. En su lucha, Mher peleó incluso con su padre, sin reconocerlo, y triunfó sobre él. Por eso, el padre maldijo a su hijo y lo encadenó a la roca. Desde entonces, Mher solo puede salir una vez al año para ver si la justicia ha llegado al mundo. Según algunas versiones, en la roca donde reside Mher, la vela eterna arde y la rueda del destino sigue girando. Y tan pronto como la rueda se detenga, Mher saldrá del cautiverio y destruirá el mundo injusto.

El académico Orbelí dice que una pared tallada en una roca en posición vertical con inscripción cuneiforme, es una especie de altar en el que se realizaban los sacrificios. Además de este acantilado, ya estaba en pie el templo pagano de Garní (anteriormente llamado Bagaharich), y también el templo principal de adoración del dios Mihr.

Una leyenda interesante está asociada además, con este lugar. Se dice que en la antigüedad, un viejo pastor pastaba su rebaño cerca del acantilado de Acravakar. Después de un larga jornada,  el pastor, cansado, se tumbó al pie del acantilado y se durmió. Tuvo un sueño profético en el que un buen espíritu le reveló el secreto de una puerta en una pared de la roca. El pastor se despertó, pronunció palabras mágicas y las puertas de la roca frente a él se abrieron, dejando ver la entrada a una gran cueva con innumerables riquezas. Llenando las bolsas con oro y piedras preciosas, el pastor salió de la cueva. Al regresar, el anciano olvidó las palabras mágicas para desbloquear la puerta y no pudo encontrar una salida. Desde entonces, las personas que pasan por la puerta mágica afirman escuchar los gritos y los llantos del pastor desde la roca.

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