Մեր ճակատի գիրը մենք պիտի գրենք

Ժամանակն է` գրենք մեր ճակատի գիրը, որ ուրիշները չգրեն, որովհետև ինչ էլ որ գրել են ուրիշները մինչև հիմա, ի վնաս մեզ է եղել

ՍՈՍ ՍԱՐԳՍՅԱՆ

Leninakán fue destruido, Gyumrí quedó...

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Diciembre de 1988; eran días de manifestaciones cotidianas en Armenia y en Artsaj. El pueblo armenio unido le exigía al Kremlin moscovita la anexión. Pero en el momento de esa poderosa ola de despertar nacional, estalló la catástrofe.

1988, 7 de diciembre, 11 horas 41 minutos... en sólo 40 segundos, las regiones del norte de Armenia se convirtieron en "zona de desastre".

Para ilustrar la terrible tragedia que castigó a nuestra patria, recordemos las decenas de miles de víctimas, los incontables heridos y los cientos de miles de personas desamparadas sin techo.

El desastre abarcó más del 40% del territorio de nuestro país: Shirak, Lori, Aragatsotn y Tavush.

Spitak y la mayoría de las aldeas circundantes fueron completamente demolidas; Gyumrí sufrió un gran impacto, donde se destruyó el 80% de los edificios residenciales, comerciales e industriales, y las grandes empresas quedaron improductivas.

LENINAKÁN FUE DESTRUIDA, QUEDÓ GYUMRÍ...

¿Por qué fue tan poderosa la onda del terremoto de 1988? La opinión más difundida fue que gran parte de la devastación causada por el terremoto se debió a la mala calidad de las construcciones. La gente decía horrorizada: "Bajo las ruinas sólo salía arena, no había bloques de cemento. Todos los edificios se derrumbaron". Incluso en aquellos días, el tema de conversación de la gente eran estos dolorosos pensamientos. "Los constructores edificaron tumbas para sus propios hijos", "Leninakán fue demolido, quedó Gyumrí", "Las escuelas se transformaron en cementerios…"

En 40 segundos, y no sólo en la zona del desastre, sino también en toda Armenia, la atmósfera y la mentalidad han cambiado. La mayoría de los residentes de Gyumrí compararon su estado psicológico con los horrores de la estampida de los armenios ante las masacres armenias organizadas en 1915 por Turquía en Armenia occidental.

Para los habitantes de la zona del desastre, la vida se dividió en dos etapas: la vida antes y después del terremoto. La tensión psicológica fue tan poderosa, que durante largo tiempo en muchos hogares el tema del terremoto fue un tema tabú; se procuraba no hablar de ello y guardar silencio…

¿QUÉ CUENTAN LOS TESTIGOS?

Los testigos presenciales de la terrible tragedia nos cuentan que durante los primeros segundos las sacudidas verticales parecían haberlos lanzado por los aires, y luego los edificios se derrumbaron sobre los que estaban adentro.

En la zona del desastre, los sonidos subterráneos y de superficie que acompañaron la sacudida son descritas por todos los habitantes de diferentes lugares casi con las mismas palabras: crujidos, estrépitos, chirridos, clamores, explosiones y gritos. "Hubo un enorme bramido, y luego se repitió; parecía un trueno. Desde el subsuelo llegaban alaridos y clamores".

"De repente me sonó como un zumbido, sentí ruido de agua hirviendo, percibí calor en mi cara, luego un griterío y no recordé más nada, quedé bajo las ruinas, quedé inconsciente".

"Cuando comenzó el temblor me di cuenta de que era un terremoto; nos arrastró de acá para allá de tal forma, que apenas pudimos agarrarnos de un árbol para no caernos".

"Mientras el terremoto emitía terribles ruidos, crujidos, nos parecía que llegaban desde las fábricas. Todos los escuchaban. Hasta el momento del terremoto, todo eran ruidos subterráneos".

"Los vecinos decían que al principio habían oído una explosión y que luego sintieron la sacudida".

"Durante el terremoto pensamos que nos atacaron los turcos; nos pareció que los turcos bombardearon y le dieron a nuestro edificio con sus tanques; creímos que hicieron explotar algo".

EL INQUEBRANTABLE ESPÍRITU DEL PUEBLO ARMENIO CONTRIBUYÓ A SU RECONSTRUCCIÓN

Aunque han pasado tres décadas, todo permanece fresco: la memoria del horror, del dolor, no son pocas las ruinas, son muchos los designios de vida estropeados…

Pero el espíritu inquebrantable de nuestra gente, su asombrosa vitalidad y su voluntad, la excepcional cualidad para enfrentar las dificultades de la vida y su inagotable energía vital han contribuido a reconstruir su quebrantada columna vertebral.

El habitante de Gyumrí demostró que no es del tipo quebrantable. Después del devastador terremoto, ignorando todas las dificultades, en muchos hogares nacieron bebés, se construyeron nuevas viviendas; las mujeres armenias hicieron lo imposible para preservar, reorganizar sus familias y volver a mantener encendidos sus hogares.

Y hoy Armenia se reverencia ante la memoria de sus hijos que cayeron víctimas de esa terrible catástrofe...

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