Los armenios de Buenos Aires y las conmemoraciones de los 50 años de la caída de Hadjín

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Imagen de Hadjín en 1912

La colectividad armenia recordó el cincuentenario de la caída de Hadjín -15 de octubre de 1920-, en manos de los turcos-otomanos. En un acto cívico, evocó la gesta, en idioma armenio, el Sr. Apraham Kradjian, y mañana la recordará, en español, el Dr. Yeprad Bayramian. Los actos centrales tendrán lugar el 25 del actual.

La población oriunda de aquella ciudad, es una de las más importantes de la colectividad armenia.

La ciudad de Hadjín

Cuando en 1375 el Reino Armenio de Cilicia cayó bajo la dominación de los egipcios, y el rey Levón VI fue llevado en cautiverio, algunos de sus parientes y cortesanos decidieron continuar la resistencia. Fundaron la ciudad de Zeitún. Otros se hicieron fuertes en el castillo de Pardsrpert, al norte de Sis, la capital, y resistieron casi un siglo más. Poco antes del descubrimiento de América debieron retroceder, y en medio de las montañas que separan Cilicia de Capadocia, fundaron una pequeña república, Hadjín, que duró casi independiente hasta el siglo XIX, bajo el mando de sus príncipes, varios de cuyos linajes existen en Buenos Aires.

En 1915, al conocerse la orden de deportación y matanza, Hadjín, orgullosa de una tradición guerrera ininterrumpida, decidió defenderse, pero el Catolicós de Sis, Sahag II, la instó a someterse, en nombre de las represalias que podían tomarse con otros lugares. Así, los 30 mil habitantes partieron al desierto de Siria, y casi cuatro años más tarde, sólo sobrevivían 10 mil. Se produjo entonces un milagro inesperado: llegaron los franceses que ocuparon Cilicia e instaron a la población a volver a sus hogares. En el curso del verano de ese año, seis mil de los sobrevivientes habían regresado. Encontraron incendiada su ciudad, que reconstruyeron, y recomenzaron su actividad como pastores, agricultores, artesanos y comerciantes. Pero eran el último puesto avanzado bajo control francés, y más allá de las montañas, estaba ya la tierra turca. Durante el primer invierno, en medio de la nieve, llegaron a Hadjin unos vecinos que se encontraban en la no muy lejana Marash y avisaron: “¡Escapen, que los franceses nos están traicionando, entregaron Marash!”. Ante la noticia, el obispo, Monseñor Bedrós Saradjian (uno de los pocos miembros de la jerarquía armenia que había sobrevivido a las matanzas de 1915), decidió intentar el viaje hasta Sis, sede del gobernador local francés, a 65 kilómetros, para pedir socorro, pero nada logró.

El sitio

Para entonces, aunque aislados por la nieve, los armenios estaban rodeados. Los jefes turcos Doghan Bey y Alí Said, con 4000 soldados irregulares, 2000 de caballería, y armamento abundante, ocupaban la zona. Hadjín solo tenía 500 máusers, algunas decenas de miles de balas, y la pólvora que se pudiera fabricar. Poco a poco la situación se fue aclarando. Las  luchas eran continuas y el cerco cada vez más estrecho. Apenas si algunas manzanas eran defendidas por los armenios. Una de las primeras batallas tuvo lugar en el colegio de niñas situado en las afueras, cuyas 200 alumnas fueron rescatadas. Poco después, en un ataque a las defensas que se habían levantado apresuradamente, los turcos decapitaron a un tal Mihrán Dudushian y lo exhibieron en una pica. La moral bajó mucho. “Hay que tener en cuenta (recuerda uno de los sitiados), que nosotros no éramos soldados; hacía poco habíamos estado charlando con Mihrán, y ahora veíamos allí su cabeza”. Entonces, uno de los defensores mayores, Apraham Tousunian, llegó hasta las líneas turcas, decapitó a un oficial e hizo lo mismo que habían hecho con Mihrán.

La situación era muy grave. En julio sólo quedaban 15 cartuchos por fusil. Recuerdan los héroes de esos días: “Es imposible describir lo que fue el sitio: la angustia, la esperanza, el horror continuo, el heroísmo de la gente; era imposible salir a la calle porque las balas caían continuamente; las mujeres y los niños vivían en los sótanos”.

En esos días, un pastor logró cruzar las líneas desde el sector francés hasta Hadjín, y el comandante Sarkis Djevedjian le explicó que la situación era desesperante y que avisara en Sis que no podían resistir más. El pastor llegó a Sis el mismo día en que era abandonada. Fue justamente entonces cuando los turcos emplazaron un cañón en la cumbre que domina la ciudad y comenzaron un bombardeo incesante. Bajo el mando del segundo jefe Aram Terzian, llamado Gaidzak (rayo), 200 hombres hicieron una salida, rodearon a los turcos y se apoderaron del cañón. Supieron de la caída de Sis, por los prisioneros.

Cuando la desesperación era mayor, otros armenios llegaron desde Adaná, y avisaron que otros 4000 armenios se estaban preparando para ir a rescatarlos. Eso fue en agosto, y el entusiasmo no tuvo límites. Como no había más cartuchos ni armas, se lanzaron en ataque suicida a las posiciones turcas, y las ocuparon. Tomaron varias aldeas al norte hacia Capodocia, con una marcha de hasta ocho horas, y esperaron. En los primeros días de octubre, las patrullas avisaron que venían nuevas tropas turcas: 30.000 hombres con mucha artillería. El ataque recomenzó. Durante todo el sitio los armenios pelearon bajo bandera francesa y entonces los turcos les gritaban burlonamente: “Bájenla y pongan la de ustedes, los franceses no vendrán. ¿Todavía creen en los europeos?

Bajo el cañoneo incesante, se decidió tratar de apoderarse nuevamente de las armas. El rodeo debía hacerse el 12 de agosto por la noche. Pero a la madrugada siguiente los soldados volvieron; los turcos estaban alerta. El día 14 ya era imposible estar en las calles: la ciudad estaba en ruinas…, ni las autoridades pudieron reunirse, y la resistencia ya era imposible.

Algunas familias combinaban puntos de reunión por si se salvaban. El comandante Djevedjian, herido, estaba hospitalizado, y allí se congregaron las familias de los enfermos para pasar los últimos momentos, mientras los sacerdotes exhortaban a la población a morir con valor y fe. Mientras muchos decidieron suicidarse, la mayoría de los hombres armados decidieron ir a las montañas para morir peleando. En la tarde del 15, los turcos ya habían entrado; en los días siguientes, en las montañas fueron encontrándose los que habían salido.

Un testigo del sitio dice: “Me casé, tengo hijos y nietos, pero mi vida terminó con lo que viví”.  

Contra todo lo esperado, 15  días después, tras un combatir incesante, 400 personas alcanzaron las líneas francesas. Algunos meses después se supo el destino de Hadjín por un grupo que volvió disfrazado para conocer la suerte de sus familias. Todos habían muerto, casi todos decapitados, y la ciudad estaba destruida.

Ha sido desde entonces costumbre en los sobrevivientes el reunirse cada aniversario para recordar a su ciudad natal y su glorioso fin, y honrar a sus muertos.

Hadjín se une así, en la historia armenia, a otros nombres gloriosos que han enfrentado a la opresión: Van, Shabin Karahisar y Sasún son algunas de ellos.

Con este motivo en Armenia, una ciudad ha recibido el nombre de “Nor Hadjin”, (Nueva Hadjin), en honor a su heroísmo y a su epopeya.

Diario “La Nación”, 16 de octubre de 1970

Buenos Aires, Argentina

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