Primero, trabajar para conocer a la Diáspora

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Durante la semana pasada, en Armenia se registraron dos sucesos directamente relacionados con la Diáspora. El primero, el primer ministro nombró a un alto comisionado de asuntos de la Diáspora, quien reemplazaría al cerrado o reducido Ministerio de la Diáspora, poniendo esa esfera de gestión exclusivamente bajo su control directo. En segundo lugar, por 28ª vez, la reunión del Fondo Armenia se llevó a cabo en un ambiente de naturaleza teórica, prácticamente sin revelaciones de programas.

Y dado que esos dos sucesos atravesaron la enardecida atmósfera de las tensiones políticas internas (el congreso del partido Acuerdo Ciudadano, el caso judicial Robert Kocharyan, la reunión del embajador ruso con el 2º presidente de Armenia y el "escándalo diplomático" que siguió, las grandes y pequeñas manifestaciones de protesta, los altercados verbales, etc.), es necesario abordar al menos brevemente esos dos hechos que fueron presentados en forma incompleta a la atención de nuestra vasta sociedad, pero que son extremadamente importantes para la nación.

No estaríamos manifestando nada, si no dijéramos que el nombramiento del alto comisionado del primer ministro para Asuntos de la Diáspora Zareh Sinanyan no fue totalmente aceptado por algunos círculos políticos y comunitarios que representan a la Diáspora. Mientras que, por ejemplo, se escucharon voces de satisfacción de la FRA Tashnagtsutiún con respecto a la designación del ex alcalde de Glendale y miembro del concejo municipal Zareh Sinanyan; el consejo directivo californiano del partido Hnchakian emitió una declaración de disconformidad y explicó la razón de esa insatisfacción: el recientemente designado comisionado se mostró a favor del Tashnagtsutiún durante su anterior mandato. También hubo otras objeciones, ya que el ser un comisionado originario de los Estados Unidos podría no gustarle a los rusos; el hecho de ser de una colonia de los Estados Unidos -“de Los” (Ángeles), en la jerga familiar de los oriundos de Armenia-, expone a ser soslayadas nuestras otras comunidades europeas, del Medio Oriente e iranio-armenias, y así sucesivamente.

Dejando de lado esta y todas las demás reservas, se debe tener en cuenta que el recién nombrado comisionado, siendo un hábil e idóneo político estadounidense para asuntos internos, aún no nos ha presentado su concepción de la Diáspora, lo que tampoco hizo, siendo aún más importante, el primer ministro, quien según mi parecer lo designó en su cargo exclusivamente por su simpatía personal, impresionado por el apoyo de los -digámoslo así- armenios ‘Los’ pre-“revolución de terciopelo” y especialmente de la masa dependiente del Wellfare”. Ello además, es el resultado de no reconocer a la Diáspora y de no tener conciencia de la necesidad de conocer la Diáspora. De todas formas, tan pronto como el primer ministro y el comisionado presenten su concepción de la Diáspora y comiencen a actuar, entonces podremos estimar la conveniencia de ese nombramiento, y en general, la creación de este cargo.

Con respecto al otro acontecimiento, es imprescindible realizar una observación general. La 28ª sesión fue similar a las anteriores en términos de representatividad, de protocolos, de programaciones y en contenidos. La única diferencia respecto de los anteriores fueron los discursos programáticos –dicho con una expresión de moda: presentaciones de sus visiones- pronunciadas por el presidente y primer ministro; notables, por su sentido profundo. El del presidente de la República enfatizó la necesidad de cambiar "la psicología, la mentalidad, las prácticas, la estructura, el programa, los estatutos e incluso la junta de síndicos, en consonancia con los desafíos del siglo XXI", y el del primer ministro de la República, dirigido a transformar las colectas nacionales en un presupuesto nacional a través de una filosofía pan-armenia. Al mismo tiempo, el primer ministro acusó a "aquellos que atacaron la imagen del potencial armenio", sin mencionar que fue él quien realizó uno de esos ataques, despidiendo ignominiosamente al ex director de la fundación, mientras era posible – ¡y necesario!-, destituirlo sin dar a conocer su acto.

De todos modos; como se dijo, en la 28ª conferencia no hubo nada en particular, salvo los discursos mencionados anteriormente. Discursos, cuyos pensamientos expresados en el futuro deben convertirse en trabajo, ya que sólo el cambio radical de los mecanismos de acción del Fondo, la extensión de su actividad, los criterios y la profundidad permiten esperar los resultados correspondientes al potencial de nuestro pueblo. Y esto debería hacerse, como escribí anteriormente, en primer lugar, apartando al Fondo del "cuidado" de las autoridades ejecutivas estatales; en otras palabras, despolitizándolo, dejando reservado a los sucesivos gobiernos de las Repúblicas de Armenia y Artsakh, el deber de presentar programas de desarrollo de infraestructuras y los cálculos de presupuestos en función de las prioridades.

Sólo en el caso de estas y otras mejoras podremos recaudar; no los paupérrimos USD 10 ó 15 millones anuales, sino USD 100 a 300 millones. Pero para ello, en primer lugar, debemos hacer un buen trabajo a fin de que la Diáspora sea reconocida.

 

HAGOP AVEDIKIAN/AZG

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