¿Quién mezcla una cucharada de jugo en el barril de miel...?

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El 7 de septiembre comenzó la inauguración de una serie de eventos dedicados al 872° aniversario de la capital de la Federación Rusa, en el Centro para la Cultura y Negocios “Casa de Moscú”, de Yereván. De la ceremonia de apertura, realizada con alto nivel, participaron el Embajador de la Federación Rusa, Sergei Kopirkin y el vicecanciller  de la RA, Shavarsh Kocharyan. De acuerdo con los organizadores, los eventos a realizarse este año no tienen precedentes en cuanto a nutridos e interesantes: conciertos, exhibiciones, ferias, etc. Todo esto, por supuesto, es bienvenido, pero quisiera aquí referirme un suceso desagradable -otro más-, que tiene resabios de ruso fobia, y que claramente tenía características de ser “por encargo”. En la Plaza de la República, algunos ciudadanos con actitud inadecuada, trataban de impedir a los jóvenes que realizaban un flash mob con las insignias de Moscú. Específicamente por parte de quién eran incitados, que lo decidan los autoridades correspondientes  -quienes deberían, en mi opinión, abrir un procedimiento “por ser obstaculizados los derechos de los ciudadanos, por un grupo de personas”-.

Pero tampoco esto es tan importante. En los últimos meses, me he referido a este tema en varias ocasiones. No deseo repetir mis palabras y dar otra conferencia acerca del peligro de deterioro de las relaciones con Rusia, a los irresponsables e impulsivos (para decirlo delicadamente) miembros de nuestra sociedad.  De todas maneras, señalaré una serie de circunstancias:

Primero, quisiera entender el sentido de este desagradable incidente. ¿Quieren demostrar que en Armenia hay predisposiciones anti-rusas? No hay nada de eso. Un claro ejemplo es el hecho de que el primer ministro Pashinyan y su equipo, independientemente de sus puntos de vista previos, habiendo aceptado las palancas del poder, inmediatamente adoptaron un curso realista en las relaciones con nuestro principal aliado externo. Más aún: hoy las relaciones armenio-ruso está calificadas como buenas, sin precedentes.

Luego: en diferentes ciudades de la Federación Rusa -que cuenta con una población de 200 millones, desde Kaliningrado hasta Vladivostok-, las comunidades armenias, en muchos casos con la colaboración de las autoridades locales, realizan periódicamente distintos tipos de eventos y de actos; y mínimamente es odioso responderles de esta manera.

Y por último: en nuestro país siempre se realizan eventos dedicados a los días nacionales de Europa, de Francia o de  EEUU, pero nunca hemos sido testigos de semejantes manifestaciones. En este caso, surge nuevamente la pregunta:  ¿Cuál es el motivo? ¿A qué intereses sirve este pequeño grupo de gente, conocido por algunos de sus miembros, que periódicamente provoca -o por lo menos, alienta-  desagradables hechos como éste?. Les propongo pensar acerca de ello.

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