Rupén Herian, a 100 años de su gran proeza humanitaria

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Hace un siglo, la Divina Providencia determinó el destino de un hombre común, laborioso, respetado y gran conocedor de idiomas, condición ésta que le permitió realizar una singular proeza de nivel internacional.

Rupén Herian había nacido en Tokat, antiguo territorio armenio de Cilicia –hoy Turquía-, entre 1868 y 1872. Desde joven, demostró una particular inclinación hacia el aprendizaje de idiomas. Luego de graduarse en la escuela armenia local, se marchó a Constantinopla -actual Estambul- para dedicarse al comercio. Tras permanecer en esa ciudad por un tiempo, posiblemente debido a la opresión del sultán Abdul Hamid II, se estableció en  la ciudad de Boston, EEUU en mayo de 1895.

 

Posteriormente se mudó a la ciudad de Nueva York, donde se convirtió en un exitoso hombre de negocios, mientras seguía estando profundamente comprometido con la realidad socio-política armenia local. Su interés y compromiso por los asuntos nacionales armenios lo llevó a unirse al partido Demócrata Constitucional Armenio, por lo que debió realizar frecuentes viajes a Boston a fin de informarse de la acuciante situación en Armenia Occidental y las luchas por la liberación nacional del yugo turco-otomano.

A comienzos de 1916, la sede central del partido Ramgavar en Egipto se contactó con su filial de Boston para solicitarle que hallara una persona que supiera más de un idioma y que estuviera de acuerdo en servir de manera simultánea tanto al gobierno británico como al pueblo armenio. Fue entonces, que Armenag Nazarian, a la sazón editor del periódico Azk (nación) y respetada personalidad de la colectividad armenia local se contactó con Herian, explicándole la situación. Se trataba de una misión secreta para el gobierno británico.

Sin vacilar, Herian dejó de inmediato sus actividades y viajó hacia Amsterdam en la primavera de ese año. De allí, se dirigió a Medio Oriente, donde haciéndose pasar por inglés cumplió con todas las responsabilidades que le fueran asignadas, mientras remitía informes periódicos a El Cairo y a Boston.

A su retorno a los EEUU luego de un año de servicios, Herian halló a la comunidad armenia involucrada en la tarea de formar la Legión Armenia. Entusiasmado con el proyecto, volvió inmediatamente a Medio Oriente junto a dos miembros Ramgavar nombrados por el partido hacia Bagdad y Baqubah, donde los armenios sobrevivientes de las deportaciones de Armenia Occidental vivían penosamente en carpas improvisadas.

Las duras y desfavorables condiciones del desierto hicieron que la misión fallara, por lo que Herian viajó a Chipre en 1918, acompañado por Vagharshag Arshaguní y Jim Chankalian. En septiembre de ese año, Herian ayudó a organizar el transporte de 1.200 armenios-americanos que se unieron a la Legión armenia que derrotó con éxito a las fuerzas turco-alemanas en la batalla de Arara, Palestina, luego de lo cual él mismo se inscribió como legionario.

En Egipto, Herian se desempeñó como director de una enfermería para legionarios y participó en una abortiva expedición para ayudar a la ciudad de Hajin, en ese momento sitiada. También jugó un importante rol en la defensa de la ciudad de Dört Yol (Chork-Marzban).

Corría el año 1919. De acuerdo a documentos conservados en la sede central del partido en El Cairo, Herian viajó a Der-el-Zor, Alepo y Mosul para cuidar durante un tiempo de los huérfanos encontrados en el desierto. Es precisamente en esas extensas planicies de muerte, miseria, hambre y enfermedades donde Herian descubrió un enorme campo de actividad, hasta entonces falto de suficiente atención.

Como representante de la Unión General Armenia de Beneficencia (UGAB), de la Sociedad armenia de socorro (Armenian Relief) de Egipto, y de la de Asistencia a los huérfanos armenios, contó con el apoyo financiero adicional de la Iglesia Armenia, el partido Democrático armenio (antecesor del actual partido Demócrata Liberal), varias otras organizaciones de socorro y, lo que es más sorprendente, muchos armenios particulares que apenas contaban con suficiente dinero para vivir tras haber padecido el Genocidio a mano de los turcos.

Herian rescató a la mayor cantidad que le fue posible de bebés, niños y mujeres armenias que estuvieran secuestrados o adoptados en casas de beduinos, kurdos o harenes turcos. A fin de realizar su actividad más eficazmente, se hizo pasar por misionario norteamericano, funcionario o militar británico, según fuera necesario. Usó su conocimiento de idiomas, su locuacidad y poder de persuasión, del dinero del que disponía y, a veces, de amenazas para rescatar a las mujeres y niños armenios de sus captores. A pesar de ser él mismo víctima de robos, amenazas de muerte y una gran resistencia de quienes no querían renunciar fácilmente a los niños y mujeres armenios en su poder, Herian continuó con sagacidad, valentía y estoicismo su misión humanitaria. De esta manera, con el tiempo logró reunir a una gran cantidad de huérfanos y los entregó al cuidado de orfanatos o de familias armenias.

Por esta justa razón, el pueblo armenio lo bautizó con el nombre de “Padre de los huérfanos”.

En 1920, Herian viajó a Adaná para interiorizar a las organizaciones nacionales de los resultados obtenidos por sus legionarios y alentarlos para encontrar medios adecuados para continuar el mismo objetivo. Posteriormente, hizo lo propio en Esmirna y Constantinopla, dirigiéndose finalmente a El Cairo. Allí, de acuerdo con los lineamientos del comité central del partido Demócrata Constitucional, desarrolló un plan de recaudación de fondos para los huérfanos, lo que le posibilitaría retomar la búsqueda de más niños y jóvenes armenios perdidos por los países árabes. Para ello, Herian participó en actividades de recaudación de fondos en Egipto, Francia, el Imperio Otomano y los Estados Unidos, donde la campaña de recaudación fue rotundamente exitosa.

Herian volvió a la capital egipcia, totalmente entusiasmado y vigorizado.

 

Mientras planeaba su retorno a los desiertos árabes, sucedió lo más impensado: Herian sufrió un paro cardíaco.

El Padre de los huérfanos falleció prematuramente el 7 de julio de 1921, dejando a miles de niños y jóvenes a la espera de ser rescatados.

Por su altruismo, sus valores humanos, sus virtudes y la incansable actividad llevada a cabo, muy superior a la que originalmente le fuera encomendada, este dilecto hijo de la nación armenia ocupa sin dudas, un lugar de honor en los anales del movimiento de liberación armenia.

 

El ejemplo inspirador de Rupén Herian permanecerá siempre vigente, motivando a las generaciones futuras de armenios a servir desinteresadamente a la nación.

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