Se conmemoró otro aniversario del fallecimiento de Komitas Vardapet (video)

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El 22 de octubre se conmemoró el 84º aniversario de la desaparición física del inmortal padre de la música moderna armenia, Komitas Vardapet. Además del valioso legado musical, etnográfico y poético, se conservan numerosas anécdotas relatadas en su abundante epistolario, así como en los testimonios de sus contemporáneos. A continuación, transcribimos uno de estos recuerdos, transcurrido en la casa del escritor Hovhannes Hovhannisyan. Al final de la nota, compartimos un extraordinario documento fílmico, en el que el recordado Patriarca de Jerusalén, arzobispo Torkom Manoogian (1919-2012), expuso una clase magistral titulada "The Genius of Komitas", en Hamburgo, Alemania, hace casi exactamente 30 años atrás, el 11 de octubre de 1989. 

"Era Año Nuevo, uno de los antiguos... y Komitas, como de costumbre, fue a la casa del poeta Hovhannes Hovhannisyan, donde lo esperaban cada año. El poeta tenía muchos hijos, y con ellos vivía la pequeña Shamunik, hija del tío del poeta. Esta chica cantaba maravillosamente, cantaba "Gakavik", "Ay, querida Maral"... y Komitas la escuchaba. Era Año Nuevo. Uno de los antiguos Años Nuevos.

Esa mañana, Komitas había traído tristes noticias desde Sasún y no deseaba ir a ningún lado. Permanecería en su cuarto, con sus tristezas y sus pensamientos.

Pero se levantó, se pegó una barba de algodón, se puso una capa blanca, tomó una vara de morera a guisa de bastón, guardó su flauta en un bolsillo y se dirigió a la casa del escritor por las viejas calles de Vagharshapat. Cuando llegó, fue hasta el patio, sacó su flauta y comenzó a tocar... La alegría de los niños no tenía límite. Todos corrieron hacia la ventana, porque cada año que comenzaba, Komitas, ataviado con una barba blanca, un bastón y tocando su flauta, entraba por la ventana, y parado ante el alféizar, decía:

-Bienvenida tu llegada, Año Nuevo.

Esta vez abrió la ventana -que había sido dejada semiabierta para él-, se quedó parado en el umbral y sólo atinó a tocar su flauta… la tocó por largo tiempo, sin decir nada. Se bajó, reunió a los niños en derredor suyo, luego se acercó al poeta y dijo:

- Llegas en vano, Año Nuevo...

-¿Qué pasó?

- Han llegado noticias alarmantes desde Sasún.

Fue el primer año en que los niños no escucharon sus risas; no les dijo nada; sólo tocó un par de melodías tristes, luego dialogó durante largo tiempo con el escritor, y así, olvidando arrancarse la barba blanca, regresó a su casa.

Ese fue el último Año Nuevo en que visitó a Hovhannisyan; y muchos años más tarde, cuando Komitas era enterrado, la pequeña Shamunik, quien por entonces ya era una mujer anciana, pudo contemplar por última vez a través de un vidrio su rostro dormido en eterno sueño. Por un instante le pareció verlo tal como años atrás, a través de la ventana, y ver en su barba, los restos del algodón blanco que el Vardapet se adhería en las vísperas de Año Nuevo… Y luego, inesperadamente, se dejó caer arrodillada ante el ataúd y murmuró:

-Bienvenida tu llegada, Año Nuevo…"

 

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