Los ribetes de la crisis del instituto Samuel Muradian de Sèvres

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Desde hace algunos años, se han estado buscando soluciones realizado esfuerzos para salvar el instituto educativo Samuel Muradian de Sèvres, especialmente tras el fracaso del programa Sèvres 2015 –coincidente con el centenario del Genocidio Armenio-, el que constituía el proyecto de salvataje de la filial parisina de la congregación Mekhitarista más importante diseñado hasta entonces. Se preveía construir un complejo hotelero y salas de conferencias que proveyeran rentabilidad al inmueble, y la asignación restante a un centro de investigación del Genocidio, sumada a la implementación de programas educativos y culturales por parte de especialistas seculares de renombre mundial. Con el fin de concretar la implementación del proyecto Sèvres 2015 habían manifestado su compromiso las autoridades departamentales de Hauts-de-Seine, en la persona de Patrick Devedjian y los municipios circundantes, así como el Vaticano. El proyecto fue abortado debido a la oposición interna de algunos miembros de la Congregación.

 

Considerando la situación sin salida de la Congregación, el papa Francisco comisionó al padre Levón Zekiyan para que gestionara una solución a la crítica situación tanto del instituto Samuel Muradian, como de la Congregación Mekhitarista, la que ya lleva algunas décadas.

La crisis no sólo es de índole material sino también espiritual. La expresión más evidente de esto es la finalización de los servicios educativos de la Congregación, como consecuencia de la clausura de los liceos Murad Rafaelian de Venecia y del instituto educativo Samuel Mouradian de París, así como la reducción de los aspirantes a religiosos.

 

Al parecer, el padre Levon Zekian, luego de llevar adelante largas negociaciones para la salvación de Samuel Muratian, casi había arribado a una variante inspirada en el modelo del proyecto Sevres 2015, aunque mediante la participación de otros actores.

El proyecto abre la puerta a innumerables malentendidos, porque se ha puesto en práctica un plan que interesa a toda la armenidad, sin siquiera haber informado mínimamente su contenido ni haber divulgado la identidad de quienes lo implementarán, a diferencia del proyecto Sèvres 2015, que era gestionado con la más alta transparencia.

Lo que hoy en día la prensa titula “escándalo inmobiliario”, es la expresión redundante de una crisis interna de la Congregación, producto del desacuerdo de las partes sobre la solución del proyecto.

 

La situación actual es más grave y complicada que en el pasado, en tiempos del proyecto Sèvres 2015, porque el obispo Zekian trabaja en condiciones de un secreto extremo que no hace ningún aporte al éxito del programa. Siendo un delegado papal comisionado para el rescate de la Congregación Mekhitarista, y siendo incluso el primado de la comunidad católica de Estambul, no está claro exactamente qué tipo de relaciones mantiene con las autoridades turcas, ni a qué tipo de presiones está sometido por parte de aquellas en relación a todos los proyectos que tienen que ver con la apertura del Centro de Investigación del Genocidio.

 

Fuente: Nor Haratch

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