La política y nosotros. H.Tumanyan

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Las páginas de los periódicos europeos y rusos están en su mayoría atrapados en cuestiones políticas. ¿Por qué? Porque esos pueblos viven grandes luchas políticas, tienen planes de dominar y gobernar países y naciones; tienen dificultades para conseguir grandes mercados y esferas de influencia, y para realizar multimillonarios emprendimientos; preocupación para formar alianzas, juegan con sus enormes poderes, mueven mundos y con gran atención se siguen de cerca unos a otros, o el desarrollo de la vida política del mundo entero, tienen en cuenta en detalle el movimiento de el de enfrente, el número de barcos y el ejército, bregan por vaticinar sus mutuos encuentros y conversaciones, se ocupan de ellas, reflexionan, y es por eso que sus periódicos y también sus artículos están dedicados a ellos.

 

Todo esto es muy claro y comprensible. Pero hay algo incomprensible y absurdo, que es el hecho de que tanto nuestra prensa como nosotros siempre hemos seguido con gran entusiasmo y hemos dialogado con los lectores armenios, hemos dado cuenta de todos estos acontecimientos y rostros políticos, continuamente les hemos regalado líderes para la política de unos y otros, reflexionado, sacado conclusiones, encontrado errores, y que no parezca sorprendente, incluso hemos advertido y amenazado.

 

Y este hábito, este mandato tradicional se ha arraigado de tal forma en nosotros, ha dominado de tal manera nuestros cerebros, que es muy probable que nuestras líneas sorprendan a muchos, de ¿cómo puede ser? Dirán: Somos un pueblo culto, tenemos prensa, cómo no hemos de seguir la vida política de las naciones brillantes. Pero cuando echan de las aldeas armenias al representante de la prensa de esa comunidad culta, al filántropo y al administrador rural, recién se confiesan que no conocen ni al campesino ni la aldea armenia; una confesión que recientemente hicieron en Mshagum; o si no, esa multitud civilizada que cuántas veces ha tenido que rendir cuentas de las acciones culturales y políticas de las naciones europeas, y recién se entera que en sus escuelas parroquiales no existe el idioma armenio ashjarhabar, y que entre ellos su literatura ha sido perseguida, tal como se publicó recientemente en las páginas de Horizon.

 

Y si tuviéramos que dedicarnos a la política, sería lo primero que hubiéramos hecho si hubiéramos generado una mirada real, y tuviéramos una actitud clara hacia la forma en que esos estados, en cuyas manos nos encontramos. Una actitud consciente y reflexiva que no existe en absoluto; y siempre somos conducidos por corrientes de viento, prejuicios y malentendidos; contabilizando amargamente cada vez nuestros burdos errores y pérdidas, pero mostrándonos juiciosos y previsores cuando lo sucedido ocurrió irreversiblemente. Y de dónde vendrá esa conciencia y la actitud reflexiva; dado que somos totalmente ignorantes, incluso, de nuestro pasado reciente y lo sucedido hoy mismo.

 

Es así, desafortunadamente, la gente culta que reflexiona sobre las políticas de los estados europeos. Al igual que el astrónomo de Esopo, que caminaba con el largavista en los ojos observando las estrellas aunque sin mirar el camino; hasta que cayó a un pozo.

Por supuesto, cada tanto hay que ofrecer teorías del mundo político, y eso es muy fácil porque viene listo y editado; pero ante todo, el primer y mayor lugar lo debe ocupar nuestro mundo, nuestras vidas, las cuestiones de esa vida y su estudio serio y multilateral; lo cual es difícil, y tal vez sea por eso que ocupe el menor espacio en nuestra prensa.

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