El peligro y la vergüenza de ir a descansar a Turquía

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MKHITAR NAZARYAN

 

Actualmente, los riesgos de ocurrencia de terremotos y actos de terrorismo en Turquía son bastante altos. Para haber arribado a esta conclusión, es probable que la inteligencia británica disponga de suficientes datos de referencia. Por esa razón, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico advirtió a sus ciudadanos sobre los potenciales peligros en Turquía. Al respecto, se realizó un llamamiento a los británicos que se preparan para partir hacia Turquía o que ya se encuentran allí para que no se acerquen a la frontera sirio-turca a menos de 10 kilómetros, y que en general se mantengan alejados de las manifestaciones, ya que la policía turca usa gases lacrimógenos y camiones hidrantes. Se hizo especial hincapié en que en Turquía todavía existe el peligro cierto de que diferentes grupos extremistas organicen nuevos actos terroristas.

 

No hace mucho, varios países emitieron exhortos oficiales para que sus propios ciudadanos se abstengan de viajar a Turquía. Por razones de seguridad, Estados Unidos, Alemania, Israel e Irán han instado a sus ciudadanos a que renuncien a sus planes de partir hacia ese país. En los últimos años, Turquía ha sido considerada un destino turístico peligroso por muchos países.

La advertencia antes mencionada por las autoridades británicas es de hecho, para Turquía -que recibe más de 2 millones de turistas británicos al año-, equivalente a un golpe económico que podría derivar en una gran pérdida de ingresos del turismo. Según datos de la agencia de estadísticas turca, cada turista extranjero gasta en Turquía un promedio de USD 649.

 

Es dable suponer, que los ciudadanos de Armenia que prefieren pasar sus vacaciones en Turquía gastan aproximadamente un monto equivalente de dinero. Los atractivos centros turísticos del Mediterráneo y los bajos precios están impulsando a algunos de nuestros compatriotas hacia las playas de Antalya. Hubo un tiempo en que incluso los paquetes turísticos de Antalya se anunciaban en las calles de Yereván. Pero fueron eliminados como resultado de las protestas.

 

Es comprensible que Gran Bretaña, Israel o Alemania, al instar a sus ciudadanos a que no viajen a Turquía, lo hacen principalmente por razones de seguridad; a veces también por razones económicas y políticas. El caso de Armenia es diferente. Nuestra Cancillería no emitirá tales advertencias. No hace falta, incluso formalmente sería una tontería. Aunque tal vez, de los países mencionados anteriormente, sea Armenia la que tenga más razones para detener el flujo turístico de sus ciudadanos. Entre nosotros, ello está directamente librado a la voluntad, la conciencia y a la fina percepción de la conciencia nacional de los ciudadanos.

 

El armenio que gasta incluso un centavo en Turquía debería saber que ese centavo acrecienta la industria militar y el armamentismo de ese país. Debe saber que las armas fabricadas en Turquía se venden a Azerbaiyán, que dispara esas mismas armas contra un soldado armenio del frente o una aldea limítrofe. Acá sería inútil buscar un sentimentalismo humedecido por las lágrimas, ya que este es un hecho y un análisis a secas. En lo inmediato, esto era sólo el aspecto político y económico del problema.

He aquí, que el aspecto moral está directamente relacionado con el Genocidio Armenio, cuando destruyeron tu hogar, saquearon tus propiedades, derramaron tu sangre, te arrebataron la vida, esquilmaron tu patria, arruinaron tu futuro, y todavía depositas generosamente tu dinero en sus bolsillos para tu descanso o placer. Repito: por placer.

 

Justificando sus acciones, nuestros compatriotas que vacacionan en Antalya, a menudo señalan la importación y venta de productos turcos en Armenia. Sin embargo, esa comparación no es apropiada, ya que los ciudadanos armenios que comercian con los turcos, de esa forma resuelven un problema social para sus familias, atienden a sus hijos, mantienen sus casas y crían a sus hijos. Eso, de hecho es un trabajo encomiable. Por lo tanto, de ninguna manera es comparable lo que se paga por placer con lo ganado para sustento.

 

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