La tierra es un ente vivo, tiene su alma, y sin patria, sin un fuerte lazo con la propia tierra, el hombre no puede encontrarse a sí mismo, a su alma.
Martirós Sarian

Vazken I, Su Santidad, que unificó a los armenios y su fe

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GOR ARMENYAN

 

El 18 de agosto se cumplen 25 años desde que el 130º Catolicós de Todos los Armenios, Vazken I nos dejó. En verdad, Su Santidad escribió una página de excepción, no sólo en la historia de la Iglesia Apostólica Armenia sino también en la de todo el cristianismo.

Propongo recordar algunos de los episodios más importantes de la labor pro-armenia de Su Santidad.

El 30 de septiembre de 1955, tras ser elegido Catolicós, Vazken I se embarcó inmediatamente en una campaña para unir a la nación y su fe. Durante varios meses, realizó una gira pastoral a las principales comunidades armenias de la Diáspora.

A principios de 1957, gracias a la gestión de Su Santidad, fue devuelto a la Santa Sede de Echmiadzín el edificio del nuevo monasterio construido por el gran filántropo armenio Alexander Mantashian, lo que significó un hecho sin precedentes. En la época soviética, ese tipo de resoluciones se tomaban al más alto nivel político en Moscú, y lo que logró Vazken I no fue más que una hazaña.

 

Ese mismo año, visitó las Diócesis armenias de todas las demás repúblicas de la ex URSS, expresando su apoyo a las feligresías locales, que recibieron a Su Santidad con gran entusiasmo. Hoy resulta difícil imaginar que durante la visita declamó sus homilías patriarcales en las iglesias armenias de Bakú y Kirovabad (hoy Ganjá), pasando a Artsaj unos días después, para recorrer los monasterios de Stepanakert, Shushí, Gandzasar y Amaras y rehabilitando algunos monasterios previamente clausurados.

Es más, durante el catolicosado de Su Santidad Vazken I se llevaron a cabo grandes obras de renovación y construcción de iglesias. Traeré algunas pocas referencias biográficas del recordado Catolicós: Fueron refaccionadas, la Catedral de la Santa Sede de Echmiadzín, los monasterios Surp Hripsime, Surp Gayane, y Surp Shoghakat de la misma ciudad; los monasterios de Geghardavank, Khor Virap, Surp Mesrop Mashtots de Oshakan; Surp Sargis, de Yereván; Surp Zoravor y Surp Hovhannés, de Moscú, Rostov del Don y Armavir. Además, en las inmediaciones de la Catedral de Echmiadzín hizo construir un monumento a los Mártires del Genocidio Armenio, una fuente-memorial dedicada a Jrimian Hayrig, el monasterio Calouste Gulbenkian y el relicario Alex y Marie Manoogian.

 

Tal vez estoy siendo reiterativo, pero no puedo dejar de enfatizarlo una vez más: esta labor agradable a Dios la realizó en la ateísta ex URSS, cuando en otras repúblicas las iglesias estaban siendo demolidas y muchos creyentes no tenían un lugar para orar.

Durante los años subsiguientes, Su Santidad visitó las Diócesis de América del Norte y del Sur, Argentina, Brasil, Uruguay, Estados Unidos y Canadá, recibiendo el respeto y el amor de los armenios locales en todas partes.

En 1962, en virtud de los esfuerzos de Vazken I, la Iglesia Apostólica Armenia no sólo se convirtió en miembro de pleno derecho del Consejo Mundial de Iglesias, sino que también detentó una gran autoridad en esa importante estructura.

A lo largo de toda su vida, Vazken I siempre estuvo con su gente, compartiendo su alegría y entusiasmando su trabajo, y la gente lo amaba no sólo como su primer pastor sino como a un familiar. De hecho, tal vez únicamente Jrimian Hayrig haya disfrutado en sus tiempos de ese amor. Casi no existía un hogar en la Armenia soviética donde -si no era el lugar más visible, en un armario o cómoda- no hubiera una foto de Vazken I junto al calendario de la Iglesia. Ustedes se sorprenderán, sin embargo, mi amada abuela paterna, que era de nacionalidad georgiana, había colocado juntas las fotos de los catolicoses armenio y georgiano en el lugar más visible de la habitación de su casa en Georgia, y les rezaba en los dos idiomas. Este es el tipo de amor y respeto de los que gozaba Vazken I.

 

Nunca olvidaré, como en los días más difíciles del conflicto de Karabagh, cuando la Unión Soviética todavía existía y toda la máquina de escarmiento de Gorbachov estaba destinada a abolir nuestras legítimas demandas, cuando se desplegaron tropas no sólo en Artsaj sino también en Armenia, cuando manos armenias ya habían asesinado a armenios en Yereván, Su Santidad, ya senil, a través de la televisión pública realizó un llamamiento a su grey con lágrimas en sus ojos, rogándole a Dios que los armenios no buscaran enemigos internos y se unieran entre sí.

Bendito seas, querido Catolicós. Un Gran Hombre que unió a la nación y unificó la fe cristiana, dejando tras suyo una Iglesia Apostólica Armenia fuerte y sólida. Ello fue en 1994...

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